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La relacíon con los padres Argumentation type bac

Difficulté
10-15 MIN

Centres étrangers, Afrique, 2015, LV2

"[Mi padre] lo tenia todo. Y por eso no podia entender mi situacion." (document 1) Analiza y comenta estas frases explicando lo que opina el hijo de la relacion con su padre. (15 lignes)

Éramos tan diferentes

Fernando Trujillo Sanz, Sal de mis sueños, 2012

A veces me preguntaba si era posible que mi padre no fuera realmente mi padre. Éramos tan diferentes. Yo vestía muy informal, más o menos dentro de la moda, pero tirando al lado rebelde. Me gustaban los pantalones rotos y desgastados, el pelo alborotado1 y los tatuajes, aunque aún no habia reunido el valor suficiente para decirle a mi padre que estaba decidido a hacerme uno, un dragón muy chulo2 que siempre me había llamado la atención. Mi padre siempre llevaba traje, puede que el mismo, porque a mí me parecían todos iguales. Variaban un poco en el color, pero eso era todo. No recordaba haber visto nunca a mi padre con el nudo de la corbata mal hecho, o con una mancha, o con una arruga3 en la camisa.

Siempre lucía un aspecto perfecto. Él era perfecto. Todo lo hacía bien.

–Hoy puedo dejarte en el instituto –dijo pasando la página–. Me queda de camino.
–Prefiero ir en metro.
–Lo olvidaba. No quieres que te vean conmigo. –Mi padre cerró el periódico. – Ya eres todo un hombre para ir con tu padre al instituto, ¿no? ¡Dieciséis años!
–No es eso, papá. No quiero llegar en un Mercedes y con chófer. ¿No puedes entenderlo?
–No, no puedo. ¿Por qué te avergüenzas de tu familia? ¿Es malo tener dinero? ¿Acaso crees que lo robo? Hijo, en esta vida el carácter es muy importante, y no puedes sentirte mejor ni peor que los demás por el dinero, ni por la falta de él. La gente es mucho más que…

Dejé de escucharle. Ya había soportado ese discurso cientos de veces y me parecía absurdo. Mi padre no tenía que ir al instituto cada día. Él se dirigía a su empresa, su imperio, donde era el rey, donde todos cumplían sus órdenes con sumisión. Sabía de sobra4 que mi padre había sido un gran estudiante, todo sobresalientes5, y seguramente le fue muy bien. Todos decían que era atractivo, debió de serlo más cuando era joven. Lo tenía todo. Y por eso no podía comprender mi situación. La mente privilegiada de mi padre no alcanzaba a ver los peligros de ir al instituto en un coche que costaba más que el sueldo anual de las familias de algunos de mis compañeros. Era una invitación a despertar los recelos y las envidias, a centrarlas en mí y convertirme en el foco del odio de los adolescentes. En resumen: mi padre podía ser brillante, pero ya estaba viejo para entender mis problemas. Y yo ya había dejado atrás la etapa en la que intentaba impresionarle y estar a la altura de sus expectativas. Había comprendido que nunca lo conseguiría y no me importaba.

1 Alborotado: ébouriffé
2 Chulo = bonito
3 La arruga: ici, le faux pli
4 Sabía de sobra: je ne savais que trop
5 Todo sobresalientes: que d'excellentes notes

1

Quelle phrase donne un exemple de la perfection du père ?

Éramos tan diferentes

Fernando Trujillo Sanz, Sal de mis sueños, 2012

A veces me preguntaba si era posible que mi padre no fuera realmente mi padre. Éramos tan diferentes. Yo vestía muy informal, más o menos dentro de la moda, pero tirando al lado rebelde. Me gustaban los pantalones rotos y desgastados, el pelo alborotado1 y los tatuajes, aunque aún no habia reunido el valor suficiente para decirle a mi padre que estaba decidido a hacerme uno, un dragón muy chulo2 que siempre me había llamado la atención. Mi padre siempre llevaba traje, puede que el mismo, porque a mí me parecían todos iguales. Variaban un poco en el color, pero eso era todo. No recordaba haber visto nunca a mi padre con el nudo de la corbata mal hecho, o con una mancha, o con una arruga3 en la camisa.

Siempre lucía un aspecto perfecto. Él era perfecto. Todo lo hacía bien.

–Hoy puedo dejarte en el instituto –dijo pasando la página–. Me queda de camino.
–Prefiero ir en metro.
–Lo olvidaba. No quieres que te vean conmigo. –Mi padre cerró el periódico. – Ya eres todo un hombre para ir con tu padre al instituto, ¿no? ¡Dieciséis años!
–No es eso, papá. No quiero llegar en un Mercedes y con chófer. ¿No puedes entenderlo?
–No, no puedo. ¿Por qué te avergüenzas de tu familia? ¿Es malo tener dinero? ¿Acaso crees que lo robo? Hijo, en esta vida el carácter es muy importante, y no puedes sentirte mejor ni peor que los demás por el dinero, ni por la falta de él. La gente es mucho más que…

Dejé de escucharle. Ya había soportado ese discurso cientos de veces y me parecía absurdo. Mi padre no tenía que ir al instituto cada día. Él se dirigía a su empresa, su imperio, donde era el rey, donde todos cumplían sus órdenes con sumisión. Sabía de sobra4 que mi padre había sido un gran estudiante, todo sobresalientes5, y seguramente le fue muy bien. Todos decían que era atractivo, debió de serlo más cuando era joven. Lo tenía todo. Y por eso no podía comprender mi situación. La mente privilegiada de mi padre no alcanzaba a ver los peligros de ir al instituto en un coche que costaba más que el sueldo anual de las familias de algunos de mis compañeros. Era una invitación a despertar los recelos y las envidias, a centrarlas en mí y convertirme en el foco del odio de los adolescentes. En resumen: mi padre podía ser brillante, pero ya estaba viejo para entender mis problemas. Y yo ya había dejado atrás la etapa en la que intentaba impresionarle y estar a la altura de sus expectativas. Había comprendido que nunca lo conseguiría y no me importaba.

1 Alborotado: ébouriffé
2 Chulo = bonito
3 La arruga: ici, le faux pli
4 Sabía de sobra: je ne savais que trop
5 Todo sobresalientes: que d'excellentes notes

2

Quelle phrase révèle l'opposition du fils vis-à-vis du père ?

Éramos tan diferentes

Fernando Trujillo Sanz, Sal de mis sueños, 2012

A veces me preguntaba si era posible que mi padre no fuera realmente mi padre. Éramos tan diferentes. Yo vestía muy informal, más o menos dentro de la moda, pero tirando al lado rebelde. Me gustaban los pantalones rotos y desgastados, el pelo alborotado1 y los tatuajes, aunque aún no habia reunido el valor suficiente para decirle a mi padre que estaba decidido a hacerme uno, un dragón muy chulo2 que siempre me había llamado la atención. Mi padre siempre llevaba traje, puede que el mismo, porque a mí me parecían todos iguales. Variaban un poco en el color, pero eso era todo. No recordaba haber visto nunca a mi padre con el nudo de la corbata mal hecho, o con una mancha, o con una arruga3 en la camisa.

Siempre lucía un aspecto perfecto. Él era perfecto. Todo lo hacía bien.

–Hoy puedo dejarte en el instituto –dijo pasando la página–. Me queda de camino.
–Prefiero ir en metro.
–Lo olvidaba. No quieres que te vean conmigo. –Mi padre cerró el periódico. – Ya eres todo un hombre para ir con tu padre al instituto, ¿no? ¡Dieciséis años!
–No es eso, papá. No quiero llegar en un Mercedes y con chófer. ¿No puedes entenderlo?
–No, no puedo. ¿Por qué te avergüenzas de tu familia? ¿Es malo tener dinero? ¿Acaso crees que lo robo? Hijo, en esta vida el carácter es muy importante, y no puedes sentirte mejor ni peor que los demás por el dinero, ni por la falta de él. La gente es mucho más que…

Dejé de escucharle. Ya había soportado ese discurso cientos de veces y me parecía absurdo. Mi padre no tenía que ir al instituto cada día. Él se dirigía a su empresa, su imperio, donde era el rey, donde todos cumplían sus órdenes con sumisión. Sabía de sobra4 que mi padre había sido un gran estudiante, todo sobresalientes5, y seguramente le fue muy bien. Todos decían que era atractivo, debió de serlo más cuando era joven. Lo tenía todo. Y por eso no podía comprender mi situación. La mente privilegiada de mi padre no alcanzaba a ver los peligros de ir al instituto en un coche que costaba más que el sueldo anual de las familias de algunos de mis compañeros. Era una invitación a despertar los recelos y las envidias, a centrarlas en mí y convertirme en el foco del odio de los adolescentes. En resumen: mi padre podía ser brillante, pero ya estaba viejo para entender mis problemas. Y yo ya había dejado atrás la etapa en la que intentaba impresionarle y estar a la altura de sus expectativas. Había comprendido que nunca lo conseguiría y no me importaba.

1 Alborotado: ébouriffé
2 Chulo = bonito
3 La arruga: ici, le faux pli
4 Sabía de sobra: je ne savais que trop
5 Todo sobresalientes: que d'excellentes notes

3

Quelle phrase permet de conclure l'analyse du manque de compréhension du père envers le fils ?

Éramos tan diferentes

Fernando Trujillo Sanz, Sal de mis sueños, 2012

A veces me preguntaba si era posible que mi padre no fuera realmente mi padre. Éramos tan diferentes. Yo vestía muy informal, más o menos dentro de la moda, pero tirando al lado rebelde. Me gustaban los pantalones rotos y desgastados, el pelo alborotado1 y los tatuajes, aunque aún no habia reunido el valor suficiente para decirle a mi padre que estaba decidido a hacerme uno, un dragón muy chulo2 que siempre me había llamado la atención. Mi padre siempre llevaba traje, puede que el mismo, porque a mí me parecían todos iguales. Variaban un poco en el color, pero eso era todo. No recordaba haber visto nunca a mi padre con el nudo de la corbata mal hecho, o con una mancha, o con una arruga3 en la camisa.

Siempre lucía un aspecto perfecto. Él era perfecto. Todo lo hacía bien.

–Hoy puedo dejarte en el instituto –dijo pasando la página–. Me queda de camino.
–Prefiero ir en metro.
–Lo olvidaba. No quieres que te vean conmigo. –Mi padre cerró el periódico. – Ya eres todo un hombre para ir con tu padre al instituto, ¿no? ¡Dieciséis años!
–No es eso, papá. No quiero llegar en un Mercedes y con chófer. ¿No puedes entenderlo?
–No, no puedo. ¿Por qué te avergüenzas de tu familia? ¿Es malo tener dinero? ¿Acaso crees que lo robo? Hijo, en esta vida el carácter es muy importante, y no puedes sentirte mejor ni peor que los demás por el dinero, ni por la falta de él. La gente es mucho más que…

Dejé de escucharle. Ya había soportado ese discurso cientos de veces y me parecía absurdo. Mi padre no tenía que ir al instituto cada día. Él se dirigía a su empresa, su imperio, donde era el rey, donde todos cumplían sus órdenes con sumisión. Sabía de sobra4 que mi padre había sido un gran estudiante, todo sobresalientes5, y seguramente le fue muy bien. Todos decían que era atractivo, debió de serlo más cuando era joven. Lo tenía todo. Y por eso no podía comprender mi situación. La mente privilegiada de mi padre no alcanzaba a ver los peligros de ir al instituto en un coche que costaba más que el sueldo anual de las familias de algunos de mis compañeros. Era una invitación a despertar los recelos y las envidias, a centrarlas en mí y convertirme en el foco del odio de los adolescentes. En resumen: mi padre podía ser brillante, pero ya estaba viejo para entender mis problemas. Y yo ya había dejado atrás la etapa en la que intentaba impresionarle y estar a la altura de sus expectativas. Había comprendido que nunca lo conseguiría y no me importaba.

1 Alborotado: ébouriffé
2 Chulo = bonito
3 La arruga: ici, le faux pli
4 Sabía de sobra: je ne savais que trop
5 Todo sobresalientes: que d'excellentes notes

4

Quel argument souligne que la perfection du modèle paternel empêche la compréhension mutuelle ?

Éramos tan diferentes

Fernando Trujillo Sanz, Sal de mis sueños, 2012

A veces me preguntaba si era posible que mi padre no fuera realmente mi padre. Éramos tan diferentes. Yo vestía muy informal, más o menos dentro de la moda, pero tirando al lado rebelde. Me gustaban los pantalones rotos y desgastados, el pelo alborotado1 y los tatuajes, aunque aún no habia reunido el valor suficiente para decirle a mi padre que estaba decidido a hacerme uno, un dragón muy chulo2 que siempre me había llamado la atención. Mi padre siempre llevaba traje, puede que el mismo, porque a mí me parecían todos iguales. Variaban un poco en el color, pero eso era todo. No recordaba haber visto nunca a mi padre con el nudo de la corbata mal hecho, o con una mancha, o con una arruga3 en la camisa.

Siempre lucía un aspecto perfecto. Él era perfecto. Todo lo hacía bien.

–Hoy puedo dejarte en el instituto –dijo pasando la página–. Me queda de camino.
–Prefiero ir en metro.
–Lo olvidaba. No quieres que te vean conmigo. –Mi padre cerró el periódico. – Ya eres todo un hombre para ir con tu padre al instituto, ¿no? ¡Dieciséis años!
–No es eso, papá. No quiero llegar en un Mercedes y con chófer. ¿No puedes entenderlo?
–No, no puedo. ¿Por qué te avergüenzas de tu familia? ¿Es malo tener dinero? ¿Acaso crees que lo robo? Hijo, en esta vida el carácter es muy importante, y no puedes sentirte mejor ni peor que los demás por el dinero, ni por la falta de él. La gente es mucho más que…

Dejé de escucharle. Ya había soportado ese discurso cientos de veces y me parecía absurdo. Mi padre no tenía que ir al instituto cada día. Él se dirigía a su empresa, su imperio, donde era el rey, donde todos cumplían sus órdenes con sumisión. Sabía de sobra4 que mi padre había sido un gran estudiante, todo sobresalientes5, y seguramente le fue muy bien. Todos decían que era atractivo, debió de serlo más cuando era joven. Lo tenía todo. Y por eso no podía comprender mi situación. La mente privilegiada de mi padre no alcanzaba a ver los peligros de ir al instituto en un coche que costaba más que el sueldo anual de las familias de algunos de mis compañeros. Era una invitación a despertar los recelos y las envidias, a centrarlas en mí y convertirme en el foco del odio de los adolescentes. En resumen: mi padre podía ser brillante, pero ya estaba viejo para entender mis problemas. Y yo ya había dejado atrás la etapa en la que intentaba impresionarle y estar a la altura de sus expectativas. Había comprendido que nunca lo conseguiría y no me importaba.

1 Alborotado: ébouriffé
2 Chulo = bonito
3 La arruga: ici, le faux pli
4 Sabía de sobra: je ne savais que trop
5 Todo sobresalientes: que d'excellentes notes

5

Quel argument souligne le fait que tout posséder ne conduit pas nécessairement au dialogue ?

Éramos tan diferentes

Fernando Trujillo Sanz, Sal de mis sueños, 2012

A veces me preguntaba si era posible que mi padre no fuera realmente mi padre. Éramos tan diferentes. Yo vestía muy informal, más o menos dentro de la moda, pero tirando al lado rebelde. Me gustaban los pantalones rotos y desgastados, el pelo alborotado1 y los tatuajes, aunque aún no habia reunido el valor suficiente para decirle a mi padre que estaba decidido a hacerme uno, un dragón muy chulo2 que siempre me había llamado la atención. Mi padre siempre llevaba traje, puede que el mismo, porque a mí me parecían todos iguales. Variaban un poco en el color, pero eso era todo. No recordaba haber visto nunca a mi padre con el nudo de la corbata mal hecho, o con una mancha, o con una arruga3 en la camisa.

Siempre lucía un aspecto perfecto. Él era perfecto. Todo lo hacía bien.

–Hoy puedo dejarte en el instituto –dijo pasando la página–. Me queda de camino.
–Prefiero ir en metro.
–Lo olvidaba. No quieres que te vean conmigo. –Mi padre cerró el periódico. – Ya eres todo un hombre para ir con tu padre al instituto, ¿no? ¡Dieciséis años!
–No es eso, papá. No quiero llegar en un Mercedes y con chófer. ¿No puedes entenderlo?
–No, no puedo. ¿Por qué te avergüenzas de tu familia? ¿Es malo tener dinero? ¿Acaso crees que lo robo? Hijo, en esta vida el carácter es muy importante, y no puedes sentirte mejor ni peor que los demás por el dinero, ni por la falta de él. La gente es mucho más que…

Dejé de escucharle. Ya había soportado ese discurso cientos de veces y me parecía absurdo. Mi padre no tenía que ir al instituto cada día. Él se dirigía a su empresa, su imperio, donde era el rey, donde todos cumplían sus órdenes con sumisión. Sabía de sobra4 que mi padre había sido un gran estudiante, todo sobresalientes5, y seguramente le fue muy bien. Todos decían que era atractivo, debió de serlo más cuando era joven. Lo tenía todo. Y por eso no podía comprender mi situación. La mente privilegiada de mi padre no alcanzaba a ver los peligros de ir al instituto en un coche que costaba más que el sueldo anual de las familias de algunos de mis compañeros. Era una invitación a despertar los recelos y las envidias, a centrarlas en mí y convertirme en el foco del odio de los adolescentes. En resumen: mi padre podía ser brillante, pero ya estaba viejo para entender mis problemas. Y yo ya había dejado atrás la etapa en la que intentaba impresionarle y estar a la altura de sus expectativas. Había comprendido que nunca lo conseguiría y no me importaba.

1 Alborotado: ébouriffé
2 Chulo = bonito
3 La arruga: ici, le faux pli
4 Sabía de sobra: je ne savais que trop
5 Todo sobresalientes: que d'excellentes notes